Entrevista a la escritora que desde hace quince años vende sus poesías en la Avenida Corrientes.
"Ana María Machado, constituye un sello tan auténtico de esas seis cuadras, como lo son el café La Paz o el Teatro San Martín."


La cronista está a punto de recorrer parte de la que es, casi sin lugar a dudas, la más porteña de las avenidas: Corrientes.

Corrientes nace -casi, casi- en el Río de la Plata y se eleva y cruza la ciudad para morir luego de casi 7km -también casi, casi- en el cementerio más grande la ciudad de Buenos Aires: la Chacarita.

La cronista cruza la avenida 9 de julio y sabe que, una vez que lo haya hecho, ingresará y transitará durante seis cuadras -hasta llegar a la avenida Callao- por un zona muy particular de la ciudad. Librerías, teatros, cines -es verdad que, cada vez menos- con un especial empecinamiento en exhibir películas europeas. Este puñado de cuadras tiene y tuvo una particular historia con nombres tales como Ramos, Politeama, la Giralda y, por supuesto, La Paz, todos ellos bares, cafés y confiterías, que en los '60 y '70 supieron albergar a los llamados "revolucionarios de café". Y, si de denominaciones populares se trata, también fue durante los 80' la zona "psicobolche" por excelencia.

La cronista sabe todo eso, de la misma manera en que sabe que -de manera casi indefectible- caminando por la vereda par, al llegar al 1500, en la puerta del Teatro San Martín, una mujer le saldrá al paso ofreciéndole su libro de poemas. Y lo sabe, porque Ana María Machado, constituye un sello tan auténtico de esas seis cuadras, como lo son el café La Paz o el Teatro San Martín.

Desde hace quince años, allí está Ana María, firme en su puesto de trabajo. Todos los días a partir de las tres de la tarde: lunes, jueves, sábado, domingo, con frío, con calor... sólo respeta los paros nacionales. Aún en los días feriados, suele darse una vuelta y ofrecer sus poemas. Se define como "casi como una baldosa más del teatro" y sabe que esa sensación es recíproca y la ejemplifica contando que en un momento, echaron a todos los vendedores ambulantes que se apostaban en la puerta del teatro, menos a ella.

Pero la historia no comienza en 1985 y en esa vereda de la que ya forma parte, sino en la década del 60 cuando recorría bares y cafés de la calle Florida vendiendo su libro Bagaje de vivencias lo que le valió la expulsión de la Sociedad Argentina de Escritores por "degradar la dignidad del escritor" con su sistema de venta callejera, un verdadero "del autor al lector".

En 1985, después de un lapso de su vida dónde se dedicó a ser ama de casa, vuelve a recorrer los cafés, esta vez de la avenida Corrientes, aprovechando -en sus propias palabras- "la euforia de la gente por la democracia". Luego se traslada a la plazoleta de Sarmiento y Paraná para entonces sí, finalmente, recalar en 1986 en la vereda del Teatro San Martín.

Y el público respondió y lo sigue haciendo a su presencia constante: de Natividad, el libro de poemas que vendió durante trece años y que tiene una fuerte temática social -desaparecidos, guerra de Malvinas- vendió 84.000 ejemplares. Libro que, quizás, haya dado la vuelta al mundo ya que no son pocos los turistas extranjeros que se han munido de un ejemplar mientras estaban de paso por Buenos Aires. Ahora ofrece: Blues del siglo XX. El anti-cambalache y reconoce: "Ya no cuento lo que vendo... va corriendo así nomás". En este caso, no se trata de un libro, en el sentido tradicional del término, sino de una "plaqueta": dos poemas, uno de ellos consistente en cinco poemas con unidad temática.

Y si bien sabe que es un personaje típico de la calle Corrientes, también considera que, esa misma ciudad es un poco renuente a darle lo que necesita y verdaderamente se merece: una pensión vitalicia que le ha solicitado al Gobierno de la ciudad -con el apoyo de centenares de firmas- que aún no le ha sido otorgada. "En otra época- señala- los reyes o los poderosos, reparaban en las personas de talento. Yo estoy desamparada en ese aspecto y me gustaría llegar al gobierno de la ciudad de Buenos Aires, para que mi ciudad no me abandone, porque soy una persona grande, no tengo medios, vivo de esto y no quisiera que me abandonaran".

La cronista deja, tal vez abandona, a la poetisa luego de esta declaración, que es a la vez una confesión y un pedido. Ana María continúa, como tantas tardes, como tantas noches en la vereda del Teatro San Martín vendiendo sus poemas y, tal vez, recordando a su profesor de literatura sajona, Jorge Luis Borges, otro personaje de Buenos Aires o a su poeta más querido y admirado, León Felipe.